El mejor modo de desperdiciar tiempo y dinero en la web corporativa consiste en adherirse a la moda imperante.
Adoptar soluciones pensadas por y para otros, o dejarse llevar por los clichés, las modas o las ideas preconcebidas es garantía de fracaso.
Por el contrario, pensar en el negocio, tener criterio propio y adoptar un cierto espíritu crítico con las soluciones más en boga,
siempre da como resultado las mejores aproximaciones a la solución.
En Infonova tenemos muy claro que un sitio web corporativo es algo más que “la página web”.
Un sitio web es un medio de expresión de la identidad corporativa y un elemento clave en la creación de una imagen
corporativa. Pero un sitio web es mucho más. Un sitio web proporciona un nuevo escenario en el que la empresa puede
operar, competir, colaborar, comprar, vender y desarrollar su estrategia empresarial… o no hacer nada de esto.
Por debajo de este discurso subyace una idea simple pero potente:
Una web debe ser el resultado de un ejercicio de despliegue de la estrategia corporativa en el que unos
determinados objetivos corporativos inducen una serie de objetivos en la red, que a su vez conducen (debe conducir)
a la creación de una estrategia web y finalmente a un plan de actuaciones web.
El alineamiento entre objetivos corporativos, objetivos de la web y actuaciones concretas, o lo que es lo mismo,
el alineamiento entre estrategia corporativa, estrategia web y operativa web, debe conducir nuestras actuaciones
a lo largo de todo el proceso. A continuación se presenta el proceso en un gráfico explicativo:
Si aceptamos esta idea, resulta evidente que para abordar el desarrollo de un sitio web se han de tener en cuenta
una serie de factores que van más allá de los aspectos estéticos o tecnológicos, y que el modo en que consigamos
integrar y sepamos manejarnos con cada una de estas nuevas perspectivas o dimensiones determinará el éxito o
fracaso de la web. A continuación los presentamos:
El primer aspecto a considerar es el diseño. No nos vamos a extender en este aspecto puesto que, de los aspectos
a considerar, suele ser el que recibe mayor atención (a veces distrayéndola de otros también importantes), pero sí
nos gustaría resaltar que el diseño de la web ha de, atendiendo a las particularidades y posibilidades del medio,
ser coherente con la imagen de la empresa en otros medios, y que los diseños “espectaculares” muchas veces van
en detrimento de factores como utilidad, usabilidad o localizabilidad. Por el contrario, tampoco hay que olvidar
que un diseño pobre o inadecuado, introduce en la mente de nuestros clientes o potenciales clientes una imagen de
la empresa que no es la que queremos dar. Como no nos cansaremos de recalcar, olvidar las modas y pensar en términos
de despliegue de la estrategia dará los mejores resultados.
En segundo lugar hemos de considerar el elemento tecnológico. La tecnología a utilizar (plataforma, lenguaje de
programación, base de datos, arquitectura,…) determina su escalabilidad (capacidad de soportar el creciente número
de usuarios que esperamos recibir), localizabilidad (las tecnologías flash mal utilizadas, por ejemplo, conllevan
una baja localizabilidad), adaptabilidad (que sea más o menos fácil de hacer evolucionar) y esperanza de vida
(elegir una tecnología que el mercado va a repudiar nos lleva a un callejón sin salida evolutivo –el ejemplo típico
son los vídeos Beta). Estamos realizando una inversión a medio-largo plazo, y nos hemos de asegurar de estar
utilizando los medios adecuados.
El tercer aspecto a considerar es la utilidad. El factor utilidad es crítico,… pero se suele dejar de lado.
Realizar las preguntas adecuadas es un buen comienzo: ¿Quién es mi público objetivo (clientes reales o potenciales,
proveedores, colaboradores, empleados,…)? ¿Qué perfil tiene (edad, conocimiento de internet, gustos, intereses,
aficiones, horarios,…? ¿Por qué va a querer conectarse a mi web? ¿Qué información o qué servicios van a ser de su
interés?. Fácil, ¿no? Como en tantas otras cosas, las respuestas suelen ser obvias, sólo hay que saber plantearse
las preguntas adecuadas. Los nuevos conceptos web 2.0, nos permiten llevar la utilidad del sitio web a cotas
impensables. La bidireccionalidad y la participación, así como la interoperabilidad inherentes al concepcto
web 2.0 permiten nuevos modelos de interacción, y la concepción de nuevos y más potentes patrones de utilidad.
El cuarto aspecto es el de Valor. Este debería ser evidente. Si lo que hacemos no devuelve valor (presente
o futuro) a la organización, pues no lo hagamos. ¡Pues no! La mayoría de webs tienen planteamientos que no
proporcionan ningún valor a sus propietarios. Aunque el concepto de valor y de utilidad suelen
ir de la mano (realizar una buena reflexión en un sentido suele implicar que se habrá considerado
suficientemente el otro), a veces la búsqueda de la utilidad para nuestros usuarios nos lleva a considerar
soluciones que no devuelven ningún valor a la organización. ¿Para qué largos directorios de actividades
no relacionadas con la actividad de la organización? ¿Para qué enlaces que son útiles a nuestros usuarios
pero que no nos aportan ningún valor? Una cosa es convertirse en referencia en un ámbito del conocimiento
y agregar contenidos relacionados, y otra muy distinta es colgar contenidos no relacionados con el único
objetivo (que luego tampoco se consigue) de conseguir visitas. No lo vamos a exponer, pero la situación
contraria (tener contenidos que darían valor a la organización, pero que no dan utilidad a nuestros usuarios
y que por tanto no usan), también es habitual.
Nuestra quinta dimensión es la localizabilidad. La localizabilidad viene determinada por la facilidad con que
nuestros grupos de interés son capaces de localizarnos cuando buscan la prestación de un servicio que forma parte
de nuestro portfolio. La creación y aplicación de una estrategia de marketing web y en concreto la aplicación
adecuada de técnicas de posicionamiento en buscadores resulta determinante para conseguir este objetivo de
localizabilidad. Y para trabajar el posicionamiento, hemos de considerar a un grupo de usuarios que hasta
ahora habían pasado inadvertidos: Los robots de los buscadores. El usuario robot tiene unos criterios de utilidad
y usabilidad que hay que conocer y satisfacer si queremos que, ante una petición de un usuario, el buscador sugiera
un enlace a nuestra web como la mejor opción.
El sexto aspecto a considerar es el de usabilidad. Atraer y retener. Si hemos conseguido atraer usuarios en
base a unos contenidos atractivos (y que devuelven valor) y a una buena estrategia de marketing web, ¿por qué
los desarrolladores no dejan de poner obstáculos para que el usuario tenga una interacción fluida con nuestro
sitio web?. Legibilidad, consistencia, productividad, eficiencia en los accesos, retroalimentación, ubicación
de contenidos, navegación adecuada, uso de metáforas inteligentes e inteligibles, tiempo de respuesta,
organización de la información, reversibilidad, etc. Todos estos son factores a tener en cuenta a la hora de
diseñar un sitio web. No tenerlos en cuenta o no darles la importancia que realmente tienen, conllevarán
periodos de aprendizaje muy largos y sobre todo tasas de abandono muy elevadas. ¿Es eso lo que buscamos?
La seguridad de la información es otro aspecto que no debemos dejar de considerar. La información y los sistemas
son activos de la organización que hay que proteger. Discontinuar un servicio o perder información (disponibilidad)
puede dañar la economía (€) o la reputación (€) de la organización. Alterar el contenido informacional de la misma
(integridad), voluntaria o involuntariamente, puede provocar pérdidas (€) o la adopción de decisiones erróneas (€).
Mientras que divulgar, publicar, ceder o permitir el acceso a información que debe ser tratada como sensible o
privada (confidencialidad), puede derivar en una pérdida de credibilidad (€), de competitividad (€) o en una sanción
económica (€)”
La interoperabilidad implica conocer que nuestra realidad es compleja, que nuestros sistemas deben aprender a
convivir y que nuestras aplicaciones han de ser diseñadas pensando en compartir la información que custodian.
Hay que integrar aplicaciones y sistemas, pero sobre todo hay que integrar visiones y perspectivas.
Y en este sentido, no sólo nuestra realidad es compleja, sino que nuestra realidad no es ajena a su entorno.
Nuestros sistemas en conjunto no son más que un individuo más del ecosistema que forman el conjunto de aplicativos
y sistemas que comparten nuestro espacio de competencia-cooperación. La interoperabilidad, en este sentido, se debe
entender pues como la capacidad de integrar el sistema a desarrollar tanto con otros sistemas de la organización como
con todos aquellos de proveedores, colaboradores, clientes, administración, etc con los que comparte ecosistema.
Finalmente, para concluir, no podemos olvidar otro aspecto que incide directamente sobre el éxito de todo proyecto
(no ya sólo software): La monitorización. Medir implica fijar unos objetivos contra los que medir; medir implica
identificar problemas antes de que se produzcan o antes de que sean demasiado graves; medir implica tomar decisiones
ante cualquier desviación; medir, en definitiva, implica no esconder la cabeza, asumir las consecuencias de nuestras
decisiones, y tomar medidas que contrarresten los resultados indeseables o insuficientes.
La adecuada integración de todas estas visiones o perspectivas, la consideración de estos aspectos y dimensiones de
una misma realidad, determinará el éxito o fracaso de un proyecto web, es decir, determinará su rentabilidad
(presente o futura).